La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Los heridos se apartaban a regañadientes hacia los lados de la carretera. Y mientras el oficial pasaba de largo, mascullaban comentarios burlescos sobre él. Cuando él les respondía con un rugido, ellos le mandaban al infierno.
El hombro de uno de los atropellados porteadores golpeó con violencia al soldado espectral que miraba a lo desconocido.
El muchacho se unió a esta muchedumbre y avanzó con ella. Los cuerpos resquebrajados ilustraban la terrible maquinaria en la que habían estado atrapados
De vez en cuando, ordenanzas y correos se habrían paso al galope entre el gentío de la carretera, dispersando a los heridos a derecha e izquierda, dejando tras de sí los aullidos de las víctimas. Aquella marcha melancólica era importunada por estos mensajeros y, a veces, por ruidosas baterías que llegaban tambaleándose mientras los oficiales ordenaban a gritos que les abrieran paso.