Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —¡Venga, no me des la lata, Dios santo! —exclamó con la brutalidad de un hombre cuando se le molesta.
La mujer lo siguió suplicante por la acera.
—Pero Jimmie, me dijiste que tú…
Jimmie se dio la vuelta echo una furia, como si hubiera decidido conseguir la paz y la tranquilidad de una vez por todas.
—¡Por Dios, Hattie, no me sigas por toda la ciudad! Déjame en paz, te lo ruego. ¡Dame un respiro! Me aburres, siempre andas detrás de mÃ. ¿Es que no tienes dos dedos de frente? ¿Qué quieres, que todo el mundo se entere? Lárgate, haz el favor.
La mujer se acercó a él y le asió el brazo.
—Escúchame…
Jimmie soltó un gruñido.
—Vete al infierno.
Desapareció rápidamente a través de la puerta de un café cercano y, al cabo de unos instantes, reapareció entre las sombras que envolvÃan la puerta lateral. Observó a la mujer de aspecto desamparado que deambulaba por la resplandeciente avenida, yendo de un lado para otro como si fuera una exploradora. Jimmie soltó unas carcajadas de alivio y se marchó.
Al llegar a casa, encontró a su madre profiriendo gritos. Maggie habÃa vuelto. Estaba de pie, temblando bajo el torrente de furia de su madre.