Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —Una cosita pálida, sin espĂritu —decĂa—. ÂżTe fijaste en la expresiĂłn de sus ojos? HabĂa en ellos algo hogareño y virtuoso. Quizá es esta manera curiosa de mover la comisura de la boca. Querido, mi atormentado Pete, ÂżquĂ© te está pasando?
Pete contestaba sin pensarlo dos veces que la chica jamás le habĂa interesado. La mujer lo interrumpĂa con una carcajada.
—A mĂ me da exactamente igual, mi querido joven. No tienes que darme explicaciones. ÂżPor quĂ© tendrĂa que preocuparme?
Pero Pete seguĂa con sus aclaraciones. Si alguien se burlaba de sus gustos sobre mujeres, se sentĂa obligado a decir que eran algo pasajero o que le resultaban indiferentes.
La mañana despuĂ©s del dĂa en que Maggie se habĂa marchado de casa, Pete estaba detrás de la barra. TenĂa un aspecto inmaculado, iba vestido con una americana blanca y un delantal, y lucĂa el pelo cuidadosamente engominado sobre la frente. No habĂa ningĂşn cliente. Pete limpiaba un vaso de cerveza con una servilleta, silbando levemente y levantando el objeto de sus atenciones a la luz de un dĂ©bil rayo de sol que habĂa podido atravesar las espesas persianas y adentrarse en el salĂłn en sombras.