Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —Oye, Nell, qué carajo, yo siempre te he tratado bien, ¿a que s� Siempre he sido bueno contigo, ¿verdad?
—Por supuesto, Pete —respondió la mujer. Luego pronunció un discurso dirigido a sus compañeras—. Sà señor, esa es la realidad. Pete es un chico como Dios manda. Nunca deja colgadas a sus amistades. Es un chico recto y nosotras lo apoyamos, ¿verdad?
—¡Por supuesto! —fue su respuesta—. Mirando con adoración a Pete, levantaron los vasos y bebieron a su salud.
—Chicas —imploró el hombre—. Siempre os he tratado bien, ¿a que s� ¿Verdad que soy un buen muchacho?
—¡Por supuesto! —repitieron de nuevo a coro.
—Bueno —repuso Pete—, en ese caso, tomemos otra copa.
—Eso es —aplaudió la otra mujer—. Eso es. ¡No eres ningún pilluelo, sino que te gastas el dinero como un hombre! ¡Eso es!
Pete golpeó la mesa con sus temblorosos puños.
—¡Sà señor! —gritó con fervor, como si alguien se lo hubiera discutido—. Soy un buen muchacho y cuando alguien se porta bien conmigo yo siempre… Tomemos otra copa.
Comenzó a golpear el tablero con su vaso.