Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —Eres un mentiroso. No he bebido ni una gota —respondió ella con un rugido.
Se sucedió un morboso altercado entre marido y mujer, durante el cual cada cónyuge maldijo el alma del otro en varias ocasiones.
El pequeño contemplaba a sus padres agazapado debajo de la mesa, y su carita expresaba la excitación del momento.
La niña harapienta se acercó a hurtadillas hasta el rincón donde descansaba el muchacho.
—¿Te duele mucho, Jimmie? —susurró tímidamente.
—En absoluto —protestó el muchacho.
—¿Quieres que te enjuague la sangre?
—¡No!
—¿Quieres…?
—Cuando pille a ese tal Riley le voy a partir la cara, ¿te enteras?
El muchacho volvió el rostro contra la pared, decidido a esperar su hora propicia.
En la disputa entre marido y mujer, ella resultó victoriosa. El marido cogió el sombrero y salió corriendo de la habitación, al parecer con la intención de vengarse de esta con una sonada borrachera. Ella lo siguió hasta la puerta y continuó chillándole mientras el hombre bajaba la escalera.