Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Un niño muy pequeño estaba de pie sobre un montÃculo de grava en honor a Rum Alley. Se dedicaba a arrojar piedras a los pilluelos de Devil’s Row que no cesaban de abuchearle mientras daban vueltas a su alrededor y le apedreaban.
Su rostro infantil estaba lÃvido por la furia que sentÃa en su interior. Su cuerpo diminuto se retorcÃa al lanzar insultos subidos de tono.
—¡Corre, Jimmie, corre! Te van a coger —gritaba un niño de Rum Alley alejándose de la escena.
—¡No! —exclamó Jimmie con un desafiante rugido—. Estos cochinos irlandeses no me harán correr.
Se oyeron nuevos gritos de rabia incontrolada que salÃan de las gargantas de Devil’s Row. Unos muchachos harapientos lanzaron desde el flanco derecho un violento ataque contra el montón de grava. En la airada expresión de sus rostros infantiles se reconocÃan los rasgos de auténticos asesinos. Al atacar, tiraban piedras e insultaban como un coro estridente.
El pequeño héroe de Rum Alley bajó precipitadamente y a trompicones por el otro costado. Como resultado de la refriega, su abrigo habÃa quedado hecho trizas y también habÃa perdido la gorra. TenÃa moratones en diversas partes del cuerpo y le salÃa sangre de un corte en la cabeza. Sus pálidas facciones presentaban el aspecto de un diminuto demonio enloquecido.
