Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Al pie del montÃculo, en el suelo, los niños de Devil’s Row cerraron filas contra su antagonista. Él se llevó el brazo a la cabeza en un gesto defensivo, Y luchó aún con más ahÃnco. Los pilluelos correteaban de un lado para otro tratando de esquivar a Jimmie, arrojaban más piedras y proferÃan crueles insultos.
En la ventana de un edificio de pisos que se elevaba entre unos establos achaparrados y anodinos, se habÃa asomado una mujer para curiosear. Unos trabajadores que descargaban un lanchón en un muelle del rÃo se detuvieron por unos instantes a contemplar la lucha. El maquinista de un remolcador parado se inclinó perezosamente sobre la barandilla para mirar. A lo lejos, en la isla[1], una procesión de convictos vestidos con mono amarillo surgió de la penumbra de un siniestro edificio y se arrastró lentamente por la orilla del rÃo.
Una piedra habÃa golpeado la boca de Jimmie. La sangre le resbalaba a borbotones por la barbilla y manchaba su camisa hecha jirones. Las lágrimas marcaban surcos en sus sucias mejillas. Sus piernas escuálidas empezaron a temblar y a desfallecer, haciendo que todo su cuerpo se tambaleara. Los violentos insultos que habÃa proferido al inicio de la reyerta se habÃan convertido en un blasfemo parloteo.
