Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle —¡Caramba, no me digas que no es alguien importante!
—FÃjate qué guapo. ¡Dios Santo!
—¡Eh! —gritó Jimmie en tono mandón. Pete se acercó poco a poco, moviendo ligeramente el labio inferior en un gesto de amenaza.
—¿Qué mosca os ha picado?
—¡Ginebra! —repitió Jimmie.
—¡Ginebra! —apuntó el acompañante.
Cuando Pete se enfrentó a ellos con la botella y los vasos se echaron a reÃr delante de sus narices. El acompañante de Jimmie, lleno de regocijo, apuntó en dirección a Pete con su sucio dedo.
—Oye, Jimmie —incitó—. ¿Qué demonios es eso que hay detrás de la barra?
—No tengo la menor idea —reconoció Jimmie mientras soltaba una risotada. Pete colocó la botella sobre la barra con un golpe y mostró su lado más amenazador. Enseñó los dientes y levantó los hombros.
—De mà no os vais a reÃr —dijo—. Bebeos la ginebra, y largaos de aquà sin armar jaleo.
La sonrisa del rostro de los hombres desapareció de inmediato para dejar paso a una expresión de dignidad ofendida.
—¿Quién demonios te ha dicho nada? —gritaron los dos jóvenes al unÃsono.