Maggie, una chica de la calle
Maggie, una chica de la calle Los dos amigos daban empellones a los codos del barman, observándolo con ojos febriles y empujándolo hacia la pared.
De repente, Pete enrojeció y sus ojos relampaguearon. Lanzó el brazo hacia atrás y dio un rápido y tremendo puñetazo al rostro de Jimmie. Adelantó un paso y todo el peso de su cuerpo recayó sobre su puño. Con la misma rapidez de un gato, Jimmie esquivó la cabeza al estilo de los matones de Bowery. Sus furiosos golpes de respuesta y los de su compañero se estrellaron contra la cabeza ladeada de Pete.
El cliente silencioso desapareció.
Los puños de los combatientes se movían como látigos. Sus rostros, que instantes atrás habían enrojecido de furia, ahora presentaban la palidez de los guerreros en medio del fragor de una sangrienta batalla. Sus labios se enroscaban y se distendían sobre las encías formando muecas demoníacas. A través de sus dientes blancos y rechinantes se escapaban insultos roncos. Los ojos brillaban con un fulgor asesino.