La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Bueno, ya estaban listos para marcharse. Estaba todo muy tranquilo después del trajín del día, y sabía que querrían andar por el camino a solas ahora que por fin ya eran marido y mujer. Les deseé buenas noches, aunque Jack intentó invitarme cortésmente a que les acompañara por el camino hasta la casita, en lugar de ir a la estación por la carretera costera. Reinaba un gran silencio y me pareció una forma muy acertada de casarse, y cuando Mamie dio a su madre el beso de buenas noches, miré hacia otro lado, y vacié las cenizas de mi pipa golpeándola contra la barandilla de la terraza. Así pues, partieron por el camino recto hasta la casita de Jack, y esperé un minuto con la señora Brewster, que los miraba marchar, antes de coger mi sombrero y marcharme. La pareja andaba uno al lado del otro, un poco tímidamente al principio, y luego vi a Jack que rodeaba con su brazo la cintura de la joven. Mientras les miraba, él avanzaba por la izquierda y podía ver el contorno de ambas figuras muy nítidamente contra la luz de luna que iluminaba el sendero; la sombra de Mamie a la derecha era ancha y oscura como la tinta, y se movía junto a ellos, alargándose y acortándose según las irregularidades del terreno junto al sendero.