La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Intenté avanzar entonces, pero no pude moverme, y sentí que se me erizaba el cabello bajo el sombrero. El marinero se giró lentamente sin moverse del sitio donde se erguía, e hizo girar a Jack tirándole del brazo con cuidado y suma delicadeza, y después comenzó a guiarlo por el camino de la casa. Se lo llevaba directamente por el sendero, tan inexorable como el Destino, y durante todo ese tiempo pude observar la luz de la luna reflejándose en su impermeable mojado. Lo condujo al otro lado de la verja, por la carretera costera y la arena húmeda, donde la marea ya había subido. Entonces tragué aire con fuerza y corrí hacia ellos atravesando la hierba; salté por encima de la verja y atravesé precipitadamente la carretera costera. Pero cuando sentí la arena bajo mis pies, los dos se encontraban ya junto a la orilla, y cuando llegué al agua estaban demasiado lejos y con el agua hasta la cintura; también vi que la cabeza de Jack Benton estaba inclinada hacia delante y apoyada sobre su pecho, y su brazo libre colgaba inerte en un costado, mientras su hermano muerto lo conducía inexorablemente hacia su muerte. La luz de la luna se derramaba sobre el agua oscura, pero el banco de niebla se alzaba frente a ellos en el mar y pude ver sus figuras recortándose contra él; lenta y gradualmente fueron entrando en el mar. El agua ya les llegaba por las axilas y luego por los hombros, y por fin vi que subía por encima del oscuro borde del sombrero de Jack. Pero ninguno de ellos se agitó, y las dos cabezas se hundieron más y más, hasta que el agua las cubrió por completo y tan sólo quedó una estela bajo la luz de la luna por donde Jack había surcado el agua.