La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Habíamos cenado al anochecer en el espacioso techo de la gran torre porque durante los grandes calores del verano allí se estaba más fresco. Además, la cocinita estaba en una esquina de la gran plataforma cuadrada, por lo que era más cómodo comer allí que verse obligado a bajar los platos por la empinada escalera de piedra, que tenía algún peldaño roto y, en conjunto, estaba muy desgastada por el paso de los años. La torre era una de aquellas construidas a lo largo de toda la costa oeste de Calabria por el Emperador Carlos V a comienzos del siglo XVI para mantener alejados a los piratas de Berbería, cuando los infieles estaban aliados con Francisco I contra el Emperador y la Iglesia. Casi todas se han convertido en ruinas, pero algunas siguen intactas y la mía es una de las grandes. Cómo llegó a ser propiedad mía hace diez años y por qué paso una parte de cada año en ella son asuntos que no guardan relación con esta historia. La torre se encuentra en uno de los parajes más solitarios del sur de Italia, en la extremidad de un promontorio rocoso que se curva formando un pequeño pero seguro puerto natural en la extremidad sur del Golfo de Policastro, justo al norte de Cabo Escalea, que según la vieja leyenda local es el lugar donde nació Judas Iscariote. La torre se alza en esa espuela de rocas, y no hay ni una sola casa visible en un radio de seis kilómetros a la redonda. Cuando voy allí me hago acompañar por un par de marineros, uno de los cuales es bastante buen cocinero, y cuando estoy fuera la torre queda a cargo de un pequeño ser parecido a un duende que en tiempos fue minero y que lleva mucho tiempo a mi servicio.