La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Mi amigo, que a veces me visita en mi soledad del verano, es artista de profesión y escandinavo de nacimiento, y cosmopolita por la fuerza de las circunstancias. Habíamos cenado bajo el ocaso; el resplandor del crepúsculo se había ido enrojeciendo para acabar desvaneciéndose, y la púrpura del anochecer fue tiñendo la vasta cadena de montañas que ciñen el profundo golfo por el este y van volviéndose cada vez más altas a medida que avanzan hacia el sur. Hacía calor y nos sentamos en la esquina de la plataforma que da a tierra, esperando que la brisa nocturna llegara de las colinas. La atmósfera fue perdiendo todo su color, hubo un breve intervalo de luminosidad grisácea y una lámpara proyectó un rayo amarillo desde el umbral de la cocina, donde estaban cenando los marineros.