La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes —Quizá lo sea. Pero la parte inexplicable del asunto es que no importa si la luna está saliendo o si se oculta, o si está creciendo o menguando. Basta con que haya un poco de luz de luna, venga del este, del oeste o de lo alto, y que caiga encima de la tumba para que puedas ver los contornos del cuerpo que yace sobre ella.
Holger removió el tabaco de la pipa con la punta de su cuchillo, y después usó sus dedos para proteger la cazoleta. Cuando el tabaco ardió bien se levantó de su asiento.
—Si no te importa, iré hasta allà y le echaré una mirada —dijo.
Cruzó la plataforma y desapareció por los oscuros peldaños. Seguà inmóvil en mi asiento mirando hacia abajo hasta que le vi salir de la torre. Le oà entonar una vieja canción danesa mientras cruzaba la explanada bajo la intensa luz de la luna, yendo en lÃnea recta hacia el montÃculo misterioso. Holger se detuvo cuando estaba a diez pasos de él, dio un par de pasos hacia delante y luego tres o cuatro hacia atrás: después volvió a quedarse quieto. Yo sabÃa cuál era el significado de aquellos actos. HabÃa llegado al punto en el que la Cosa dejaba de ser visible; allà donde cambiaba el efecto de la luz, como habrÃa dicho él.