La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Todos dejamos de hablar. La voz de Brisbane no era muy fuerte, pero poseÃa la cualidad especial de atravesar la conversación general y cortarla como un cuchillo. Todos escuchamos. Brisbane, tras percibir que habÃa atraÃdo toda la atención, se encendió su puro con gran parsimonia.
—Es algo muy peculiar —repitió—… todo lo referido a los fantasmas. La gente siempre pregunta si alguien ha visto un fantasma. Bueno, yo sà lo he visto.
—¡TonterÃas! ¿Qué me dice? ¿Usted? ¿Está seguro de lo que dice, Brisbane? ¡Pero bueno, un hombre de su inteligencia!
La asombrosa declaración de Brisbane provocó un coro de exclamaciones. Todos pidieron puros y Stubbs, el mayordomo, apareció repentinamente de las profundidades de no se sabe dónde con una botella fresca de champán seco. Se habÃa salvado la velada; Brisbane iba a contar una historia.