La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Alguien pidió puros. Todos miramos instintivamente hacia el pedigüeño. Brisbane era un hombre de treinta y cinco años y poseía esa clase de talentos que atraen principalmente la atención de otros hombres. Era fuerte. Las dimensiones externas de su cuerpo no parecían nada fuera de lo común a primera vista, aunque tenía un tamaño superior al de la media. Medía más de metro ochenta y era moderadamente ancho de espaldas; no parecía estar gordo, pero, por otro lado, no estaba delgado en absoluto; su pequeña cabeza descansaba sobre un cuello grueso y venoso; sus anchas y fuertes manos parecían poseer una habilidad especial para romper nueces sin la ayuda de un cascanueces y, si se le miraba de perfil, era inevitable percibir la extraordinaria amplitud de sus mangas y la inusual anchura de su pecho. Era uno de esos hombres a los que los demás se refieren generalmente como engañosos; es decir, que aunque parecía sumamente fuerte, en realidad era mucho más fuerte de lo que parecía. Sobre sus rasgos, poco es necesario decir. Su cabeza era pequeña y su cabello ralo, ojos azules y nariz grande; tenía un fino bigote y una mandíbula prominente. Todo el mundo conoce a Brisbane, y cuando pidió un puro todos lo miramos.
—Es algo muy peculiar —dijo Brisbane.