La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes —¡Qué orgulloso debes de estar por poseer un lugar tan magnÃfico y con tanta historia! —comentó Margaret en voz baja.
—Es tuyo ahora, cariño —respond×. Tienes el mismo derecho a amarlo como yo… pero yo sólo lo amo porque tú vas a vivir aquÃ, querida.
Deslizó su mano y la posó sobre la mÃa, y ambos permanecimos en silencio. Justo en ese instante el reloj comenzó a sonar lejos en la torre. Conté tres toques… ocho… nueve… diez… once… miré mi reloj… doce… trece… reÃ. La campana seguÃa tocando.
—El viejo reloj se ha vuelto loco, como Judith —exclamé.
Y continuó tañendo. Resonaba monótonamente nota tras nota, rasgando el aire calmado. Nos asomamos por la barandilla y miramos instintivamente hacia donde procedÃa el sonido. Y siguió sonando una y otra vez. Conté casi cien, por pura curiosidad, porque pensé que debÃa haberse roto alguna pieza y el mecanismo estaba sin control.
De repente se oyó un crujido de madera rota, un grito y un fuerte chapoteo en el agua, y me encontré a solas, colgando del extremo roto de la barandilla del puente de madera.