La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes El mundo reluce con fuerza en este glorioso tiempo navideño y tal vez no sirva de nada rememorar la tristeza de años atrás, a menos que sea para hacer que la alegre lumbre de la chimenea parezca más acogedora, o para que el rostro de mi buena esposa luzca más feliz, o para escuchar en la risa de mis hijos un timbre más jubiloso en comparación con todo lo ocurrido en el pasado. Tal vez algún joven melancólico y apático de triste semblante, que piensa que el mundo está vacío y que la vida es como un servicio funerario perpetuo, exactamente como me solía sentir yo mismo, podría lograr sacar el suficiente valor si sigue mi ejemplo y, tras haber encontrado a la mujer de su vida, le pida que se case con él después de sólo media hora de conversación. Pero, por lo general, no aconsejaría a ningún hombre que se casara, por la sencilla razón de que ningún hombre logrará encontrar una mujer como la mía, y aún diré más, necesariamente saldrá perdiendo. Mi esposa ha hecho milagros, pero no puedo afirmar que cualquier otra mujer sea capaz de seguir su ejemplo.