La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Margaret siempre dijo que el viejo hogar era hermoso y que yo debía estar orgulloso de él. Y me atrevo a decir que no se equivoca. Tiene incluso más imaginación que yo. Pero yo tengo una buena respuesta bastante sencilla: que toda la belleza del castillo proviene de ella; ella ha insuflado esta belleza en todas las cosas. Al igual que los niños exhalan aliento sobre los fríos cristales de las ventanas en invierno, y al igual que el aliento cálido cristaliza formando paisajes de un mundo de fantasía, lleno de formas exquisitas y tracerías sobre la superficie oscura, así mismo el espíritu de Margaret ha transformado todas las piedras grises de las viejas torres, todos los árboles milenarios y arbustos de los jardines, todos los pensamientos de mi antiguo yo melancólico. Todo lo que era viejo ahora es nuevo y todo lo que era triste ahora es feliz, y yo soy el más feliz de todos. Sea como sea el Cielo, no existe un paraíso terrenal sin una mujer, y no existe ningún lugar, por muy desolado, terrible e indescriptiblemente penoso que sea, que una mujer no pueda transformar en el Cielo para el hombre a quien ama, y que la ama a ella.