La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes El señor Bernard Puckler y su hijita vivían en una diminuta casa en un pequeño callejón que daba a una tranquila calle no muy lejos de Belgrave Square. Era el gran doctor de muñecas, y realizaba sus numerosos servicios para los barrios más aristocráticos. Arreglaba muñecas de todos los tamaños y edades, muñecos y muñecas, muñecos bebé con ropas largas y muñecas mayores con vestidos de moda, muñecos habladores y muñecos mudos, los que cerraban los ojos cuando los tumbaban y a los que se les cerraban manualmente mediante un misterioso cable. Su hija Else sólo tenía doce años, pero ya era muy experta en remendar ropa de muñecas y en arreglarles el cabello, lo cual es más difícil de lo que se pueda creer, a pesar de que las muñecas están inmóviles cuando se las peina.
El señor Puckler era de origen alemán, pero su nacionalidad se había disuelto en el océano de Londres hacía ya muchos años, como la de muchos otros extranjeros. Sin embargo, él todavía conservaba uno o dos amigos alemanes que le visitaban los sábados por la noche y fumaban y jugaban con él al picquet o «skat», apostándose cuartos de penique, y le llamaban «Herr Doctor», lo cual aparentemente agradaba mucho al señor Puckler.