La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes HabÃa hablado a través de su rostro agrietado, con una terrible herida que corrÃa desde el ángulo superior de la frente, pasando por la nariz, hasta el pequeño cuello de volantes de seda verde del vestido estilo Mother Hubbard, y dos pequeñas piezas triangulares se habÃan desprendido.
—Que me aspen si no es un milagro que pueda hablar estando tan destrozada —dijo la enfermera auxiliar.
—Tendrás que llevarla al señor Puckler —dijo su superiora—. No está lejos, y será mejor que te marches inmediatamente.
Lady Gwendolen estaba distraÃda cavando un agujero en la tierra con una pequeña pala y no prestaba ninguna atención a las enfermeras.
—¿Qué haces? —preguntó la niñera, mirándola.
—Nina está muerta, estoy cavando su tumba —replicó la pequeña dama pensativamente.
—Oh, volverá a vivir, no te preocupes —respondió la niñera.
La enfermera auxiliar envolvió de nuevo a Nina y se marchó. Afortunadamente, un amable soldado, de largas piernas y diminuta gorra, estaba por allÃ, y como no tenÃa nada que hacer se ofreció a llevar a la enfermera auxiliar al taller del señor Puckler y traerla de vuelta.