La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Lady Gwendolen Douglas-Scroop gritaba en ocasiones, pero no lloraba nunca. Y fueron sus gritos los que hicieron que la niñera le permitiera bajar sola las escaleras con Nina, la muñeca, bajo el brazo. Mientras se sujetaba con la otra mano en la balaustrada, pisó los escalones de mármol pulido por fuera del borde de la alfombra. Y ese fue el motivo de que cayera, y de que Nina quedara tan maltrecha.
Cuando las enfermeras y la niñera estuvieron totalmente seguras de que la niña no estaba herida, desenvolvieron la muñeca y la examinaron. Era una muñeca muy bonita, grande y rubia, y de aspecto lozano, con pelo rubio real, y con pestañas que se abrÃan y cerraban sobre sus oscuros ojos de adulto. Además, cuando se le movÃa el brazo derecho arriba y abajo decÃa «Pa-pá», y cuando se movÃa el izquierdo decÃa «Ma-má», muy claramente.
—Le oà decir «Pa» cuando cayó —dijo la enfermera auxiliar, que lo habÃa oÃdo todo—. Pero deberÃa haber dicho «Pa-pá».
—Eso es porque se le ha salido el brazo cuando se golpeó en los escalones —dijo la enfermera jefe—. Dirá el otro «pa» cuando se lo coloque de nuevo.
—Pa —dijo Nina cuando le colocaron el brazo derecho y tiraron de él hacia abajo.