La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Y en el interior, cuando la puerta se abrió bajo la luz brillante, habÃa una pequeña sombra. Vio el halo brillante del pequeño vestido de seda de color verde claro y escuchó de nuevo el débil grito, menos lastimero aunque más angustiado.
—¡Pa-pá!
De repente, la sombra se iluminó, y entre todo ese resplandor los hermosos ojos marrones de cristal se elevaron y miraron al hombre con expresión feliz, mientras la boca rosada sonreÃa tan maravillosamente que el espectro de la muñeca parecÃa en ese mismo instante un pequeño ángel.
—Ingresaron a una niña pequeña después de las diez en punto —dijo la voz queda del conserje del hospital—. Creo que pensaron que sólo se encontraba aturdida. Aferraba con fuerza una enorme caja de cartón marrón y no pudieron quitársela de los brazos. TenÃa el cabello castaño recogido en una trenza larga que colgaba mientras se la llevaban.
—Es mi hijita —dijo el señor Puckler, pero apenas pudo escuchar su propia voz.
Se inclinó sobre el rostro de Else bajo la tenue luz de la sala de pediatrÃa y, tras permanecer allà de pie durante un minuto, los hermosos ojos castaños se abrieron y miraron a los suyos.
—¡Pa-pá! —exclamó Else, en voz baja—. ¡SabÃa que vendrÃas!