La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Había entrado en la estancia muy callado, y no intentó expresar ninguna disculpa por haber llegado tarde; se limitó a sentarse, a inclinar la cabeza cortésmente hacia nuestra anfitriona y su esposo, y a sonreír de forma cordial mientras asentía hacia los otros.
—Por favor, discúlpenme —dijo en voz baja—. Me entretuve en un funeral y perdí el tren.