La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes ¿Oyes la marea? Es un sonido siniestro, ¿verdad? En ocasiones, en esta época del año… ¡Eh!… ¡Ahà está otra vez! No te asustes, amigo… no te va a comer… ¡después de todo, es sólo un ruido! Pero me alegro de que lo hayas oÃdo, porque siempre hay gente que cree que es el viento, o mi imaginación, o cualquier otra cosa. No lo volverás a oÃr esta noche, creo, porque no suele oÃrse más de una vez. SÃ… asà es. Pon otro tronco en la chimenea, y un poco más de alcohol en ese débil brebaje que tanto te gusta. ¿Recuerdas al viejo Blauklot, el carpintero de aquel barco alemán que nos recogió cuando el Clontarf se hundió en el fondo del mar? Una noche nos atrapó un vendaval huracanado a quinientas millas de tierra, y el barco cabeceaba de manera tan regular como un reloj: «¡DespedÃos parra siemprre de las pobrres guentes de tierra adentro esta noche, muchiachios!», exclamó el viejo Blauklot mientras se dirigÃa a su camarote con el encargado de velas. Lo recuerdo con frecuencia, ahora que estoy tierra adentro por siempre jamás.
SÃ, era una noche como esta, durante una breve estancia en casa a la espera de zarpar con el Olympia en su primera travesÃa —fue en su siguiente travesÃa cuando batió el récord, ¿recuerdas?—, pero eso nos da una idea aproximada de la fecha. Era el año noventa y dos, a principios de noviembre.