La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes El cielo estaba encapotado, Pratt estaba malhumorado y la cena era mala, mala de verdad, lo cual no ayudó a mejorar la situación, y además estaba frÃa, lo cual la empeoraba aún más. La pobre mujer parecÃa bastante apenada por todo ello e insistió en preparar un rarebit[1] galés en la mesa para compensar los nabos crudos y el cordero medio cocinado. Pratt probablemente habÃa tenido un mal dÃa. Tal vez se le habÃa muerto algún paciente. En cualquier caso, estaba de un humor de perros.
—¡Vea usted, mi esposa está intentando envenenarme! —dijo—. Y algún dÃa lo logrará.
Pude ver que ella se sentÃa dolida por el comentario; yo dejé escapar una risa forzada y comenté que la señora Pratt era demasiado lista como para deshacerse de un esposo de una forma tan vulgar, y luego comencé a describirles algunos trucos japoneses con cristal tallado y crines de caballo cortadas y otras cosas similares.
Pratt era médico y sabÃa mucho más sobre estas cosas que yo, pero eso me dio más alas y me animé a contarle la historia de una mujer en Irlanda que se cargó a tres maridos antes de que sospecharan de sus tejemanejes.