La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes TenÃa un viejo perro que la pobre señora Pratt adoraba y que solÃa seguirla a todos lados. Era un bulldog, la criatura de carácter más dulce que jamás hayas visto, aunque tenÃa una manera de levantar el belfo superior sobre uno de sus colmillos que asustaba bastante a los extraños. En ocasiones, por las noches, Pratt y Bumble —asà es como se llamaba el perro— se sentaban y se miraban el uno al otro durante largo rato, rememorando los viejos tiempos, supongo, cuando la esposa de Luke se sentaba en ese sillón donde tú mismo estás sentado ahora. Ese fue siempre su sitio, y este era el del doctor, donde yo estoy sentado ahora. Bumble solÃa encaramarse al reposapiés… estaba gordo y viejo por aquel entonces, y no podÃa saltar muy alto, y sus dientes estaban comenzando a bailotear. Miraba fijamente a Luke, y Luke miraba fijamente al perro, mientras el rostro del hombre se iba pareciendo cada vez más a una calavera con dos pequeñas brasas de carbón por ojos. Transcurridos unos cinco minutos más o menos, aunque podÃa ser menos, el viejo Bumble comenzaba a temblar de repente y dejaba escapar un terrible aullido, como si le hubieran disparado, saltaba del sillón y se alejaba corriendo para esconderse bajo el banco de la cocina y se quedaba allà echado emitiendo extraños sonidos.