La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes
La calavera aullante y otros relatos de fantasmas espeluznantes Teniendo en cuenta la siniestra apariencia de Pratt durante esos últimos meses, lo que ocurrió no es de extrañar. No soy una persona nerviosa o con demasiada imaginación, pero puedo llegar a creer que él habrÃa sido capaz de asustar a una mujer sensible… su cabeza se asemejaba tanto a una calavera forrada de pergamino.
Por fin regresé un dÃa antes de Navidad; mi barco estaba atracado en el puerto y tenÃa tres semanas libres. Bumble ya no estaba y comenté de pasada que suponÃa que el viejo perro habÃa muerto.
—Sà —respondió Pratt, y me pareció detectar algo extraño en su tono de voz antes incluso de que continuase tras una breve pausa—. Lo sacrifiqué —dijo finalmente—. No podÃa soportarlo por más tiempo.
Le pregunté a Luke qué era lo que no podÃa soportar, aunque era capaz de imaginarlo con suficiente exactitud.
—TenÃa una manera de sentarse en el sillón y mirarme… y luego se ponÃa a aullar. —Luke tembló ligeramente—. No sufrió nada, pobre viejo Bumble —continuó hablando apresuradamente, como si creyera que yo pudiera considerarle cruel—. Le administré etilmorfina en su bebida para que se durmiese profundamente, y luego lo anestesié con cloroformo poco a poco, para que no se sintiera asfixiado incluso en sueños. Ha estado todo mucho más tranquilo desde entonces.