El Cantico Espiritual
El Cantico Espiritual 17*. Llamando iras a las dichas turbaciones y molestias de las afecciones y operaciones desordenadas que habemos dicho. Y porque, así como la ira es cierto ímpetu que turba la paz, saliendo de los límites de ella, así todas las afecciones, etc., ya dichas, con sus movimientos, exceden el límite de la paz y tranquilidad del alma, desquietándola cuando la tocan. Y, por eso, dice:
Y no toquéis al muro.
18*. Entendiendo por el muro el cerco de la paz y vallado de virtudes y perfecciones con que la misma alma está cercada y guardada, siendo ella el huerto que arriba ha dicho, donde su Amado pace las flores, cercado y guardado solamente para él; por lo cual él la llama en los Cantares (4, 12) huerto cerrado, diciendo: Mi hermana es huerto cerrado. Y así, dice aquí que ni aun a la cerca y muro de este su huerto le toquen,
porque la Esposa duerma más seguro,
19*. es a saber: porque más a sabor se deleite de la quietud y suavidad que goza en el Amado. Donde es de saber que ya aquí para el alma no hay puerta cerrada, sino que en su mano está gozar cada y cuando que quiere de este suave sueño de amor, según lo da a entender el Esposo en los Cantares (3, 5), diciendo: Conjúroos, hijas de Jerusalén, por las cabras y los ciervos de los campos, que no recordéis ni hagáis velar a la amada hasta que ella quiera.