El Cantico Espiritual
El Cantico Espiritual 9*. En lo cual quiere el alma obligar al Esposo a que la deje ver esta lumbre de sus ojos, no sólo porque, no teniendo otra, estará en tinieblas, sino también porque no los quiere tener para otra alguna cosa que para él. Porque, asà como justamente es privada de esta divina luz el alma que quiere poner los ojos de su voluntad en otra su lumbre de propiedad de alguna cosa fuera de Dios (por cuanto en ello ocupa la vista para recibir la lumbre de Dios), asà también congruamente merece que se le dé al alma que a todas las cosas cierra los dichos sus ojos, para abrirlos sólo a su Dios.
1+. Pero es de saber que no puede el amoroso Esposo de las almas verlas penar mucho tiempo a solas, como a esta de que vamos tratando; porque, como él dice por ZacarÃas (2, 8), sus penas y quejas le tocan a él en las niñetas de sus ojos; mayormente cuando las penas de las tales almas son por su amor como las de ésta. Que por eso dice también por IsaÃas (65, 24), diciendo: Antes que ellos clamen, yo oiré; aun estando con la palabra en la boca, los oiré. El Sabio (Pv. 2, 4-5) dice de él que, si le buscare el alma como al dinero, le hallará.