El último secreto
El último secreto Una cientÃfica aparece flotando sobre Praga. No tiene cuerpo. No siente frÃo. Y sin embargo, su mente sigue funcionando. Cree que está muerta… Pero lo que en realidad le están haciendo es mucho, mucho peor. Y lo más perturbador… es que fue ella misma quien creó la máquina que la está matando. Esto no es ciencia ficción. Es el nuevo infierno que Dan Brown imaginó para nosotros.
La nieve caÃa sobre Praga como una manta silenciosa cuando la doctora Brigita Gessner comprendió que estaba muerta. O, al menos, eso parecÃa. Su conciencia flotaba suspendida sobre los tejados de la ciudad vieja, sin cuerpo, sin peso, con la certeza de que su mente seguÃa intacta. Desde esa altura, la Catedral de San Vito brillaba como una joya helada, y el Moldava serpenteaba como una vena luminosa a través del corazón de la capital bohemia.
«Soy neurocientÃfica», se repitió. «Estoy cuerda». Pero la lógica se le escapaba como el aire entre los dedos. SentÃa que su mente —ese complejo sistema que habÃa diseccionado tantas veces en cadáveres— existÃa ahora fuera del cerebro. No era una metáfora: era una experiencia tangible. Su yo, reducido a pura conciencia, observaba sin comprender.
