El último secreto
El último secreto De pronto, un recuerdo irrumpió con la fuerza de un rayo: su cuerpo atado a una máquina. La habitación frÃa. El olor metálico del laboratorio. Y frente a ella, una figura monstruosa, una masa humana recubierta de arcilla agrietada. Solo sus ojos, llenos de odio, parecÃan vivos. En su frente, tres letras hebreas formaban una palabra: EMET , la Verdad.
—¿Quién eres? —habÃa gritado ella. —Soy su protector —respondió la criatura con voz hueca—. Ella confió en ti… y la traicionaste.
El horror se apoderó de Gessner cuando comprendió que el monstruo sabÃa demasiado. Intentó liberarse, pero el dolor la inmovilizó. Sintió una corriente helada recorrer su brazo y subir hasta el pecho. Era la máquina. Su máquina. Su propio invento, convertido en instrumento de tortura.
«Por favor, detente», imploró. —Cuéntamelo todo.
Y lo hizo. Con el alma quebrada, reveló los secretos del proyecto oculto que habÃa desarrollado con sus colegas bajo las calles de Praga: una red de experimentos que desafiaban los lÃmites de la muerte, un intento de medir cientÃficamente la existencia del alma. Les habÃan dado forma, habÃan cruzado la lÃnea. Y ahora, todo se derrumbaba.
—Han construido una casa subterránea de los horrores —susurró el monstruo—. Todos merecen morir.
