Ilión
Ilión El aire de Marte se llena de un eco ensordecedor, un rugido que parece provenir de las entrañas del planeta. En el santuario secreto de los dioses, Hockenberry retrocede mientras Atenea lo observa, su figura tan imponente que parece absorber la luz del portal que brilla a sus espaldas.
—Estás jugando con fuerzas que no puedes comprender, humano —advierte la diosa, pero en su tono hay algo más: duda.
Hockenberry sabe que está atrapado, pero su instinto de supervivencia lo empuja a actuar. Da un paso hacia el portal, su mirada fija en las ondas que ondulan en el aire. Atenea levanta una mano y un relámpago atraviesa la sala, estrellándose a pocos centÃmetros de él.
—¡No te acerques más! —grita ella, su voz retumbando como un trueno.
—¿Por qué lo proteges? —Hockenberry la desafÃa, su voz temblando pero firme—. ¿Qué tienen los dioses que temen tanto que yo descubra?
