Ilión
Ilión Odiseo, siempre astuto, señala una colina cercana que les ofrece una vista panorámica del caos. Desde allÃ, Hockenberry puede ver cómo Zeus y Apolo, desbordados de energÃa, lanzan rayos que golpean con precisión quirúrgica a los titanes mecánicos que emergen de las sombras. Pero el equilibrio de poder se está rompiendo. Por cada máquina que los dioses destruyen, dos más surgen de las grietas abiertas en el suelo.
—Esto no es una guerra, es un exterminio —murmura Hockenberry, incapaz de apartar la vista del horror que se desarrolla ante él.
—No, esto es supervivencia —replica Odiseo, su voz tan dura como el acero—. Ellos luchan por su supremacÃa, y nosotros somos solo un daño colateral.
Mientras tanto, en la Tierra, Daeman y Ada huyen de la villa de Ardis. Los voynix han tomado el control total, sus movimientos cada vez más organizados y letales. A medida que se adentran en un bosque oscuro, Ada, que hasta ese momento habÃa actuado con una calma inquietante, se detiene repentinamente.
—No podemos huir para siempre —dice ella, su tono inexpresivo.
Daeman la mira, confundido. —¿Qué estás diciendo? Tenemos que encontrar a alguien que pueda ayudarnos.