Ilión
Ilión Ada lo observa, y por primera vez, algo en su mirada le resulta profundamente extraño. —¿Ayudarnos? —pregunta con una leve sonrisa—. Daeman, esto no es algo que se pueda detener. Esto es evolución.
Daeman retrocede, horrorizado, al comprender lo que está diciendo. —¿Qué… qué te han hecho?
Ada da un paso hacia él, su voz ahora teñida de una calma casi mecánica. —No entiendes, Daeman. Los humanos hemos tenido nuestra oportunidad, y fallamos. Ahora es su turno.
Antes de que pueda responder, el bosque se llena de sonidos metálicos. Los voynix están cerca. Daeman, con el corazón acelerado, se da la vuelta y corre, dejando atrás a Ada, que simplemente lo observa desaparecer en la oscuridad.
De vuelta en Marte, Hockenberry y su grupo llegan al borde de la grieta, donde el suelo parece derretirse en una cascada de luz y energÃa. AquÃ, las máquinas luchan con una intensidad casi desesperada, mientras los dioses, ahora debilitados, retroceden poco a poco.
—Tenemos que cruzar —dice Odiseo, señalando un estrecho puente natural que se extiende sobre la grieta.
Hockenberry lo mira, incrédulo. —¿Estás loco? Eso es un suicidio.