Ilión
Ilión —¡No podemos ganar esto! —grita Hockenberry, tratando de arrastrar a Odiseo, que apenas puede levantarse.
Odiseo escupe sangre, pero sonrÃe con un destello de desafÃo. —Nunca he luchado para ganar. Lucho porque estoy vivo.
En la Tierra, Daeman corre por un paisaje desolado. A su alrededor, los voynix han tomado el control, reorganizando el mundo como si siguieran un plan que ningún humano podrÃa comprender. Pero cuando llega a una vieja ciudad abandonada, encuentra algo inesperado: un grupo de humanos que no se han rendido. Armados con tecnologÃa antigua y un coraje nacido de la desesperación, planean un último ataque contra las máquinas.
—No podemos derrotarlos —dice Daeman, aún temblando por su encuentro con Ada—. Son demasiados.
—No se trata de derrotarlos —responde uno de los lÃderes del grupo—. Se trata de mostrarles que aún estamos aquÃ, que no nos han roto.
De vuelta en Marte, Hockenberry se encuentra cara a cara con Atenea, su mirada fija en los ojos artificiales de la diosa. Él no es un guerrero como Odiseo, ni un estratega como los posthumanos que observan desde Júpiter. Es un hombre común, un académico que fue arrastrado a este caos. Pero es precisamente eso lo que le da una ventaja.