Ilión
Ilión Las planicies de Ílion vibran con el estruendo de espadas y gritos. Los aqueos y los troyanos chocan como dos fuerzas inevitables, pero lo que Hockenberry observa desde las sombras de su escondite lo perturba más que la brutalidad de la guerra: los dioses están aquí, y pelean como mortales, manipulando los eventos con su poder caprichoso. Zeus lanza truenos, Atenea camina entre los guerreros susurrando consejos, y Ares desata su furia con carcajadas escalofriantes.
Hockenberry, disfrazado con una túnica manchada de barro, avanza por las trincheras del campamento aqueo, siguiendo las instrucciones de la Músa. Su objetivo: un santuario secreto donde los dioses guardan un arma. Sus dedos tiemblan al sostener el paralyzador que le dieron para protegerse. Lo que él no sabe es que alguien lo está observando.
—¿Quién eres tú? —Una voz áspera lo detiene.
Hockenberry se gira y se encuentra con la mirada de un soldado cubierto de sangre. Es Odiseo. El astuto rey lo estudia con suspicacia, su mente trabajando rápido para evaluar si este hombre es un aliado o una amenaza.
—Solo soy… un escriba —improvisa Hockenberry, inclinando la cabeza.
