La inteligencia emocional
La inteligencia emocional Los primeros años de vida no son solo el terreno donde se aprenden a hablar o caminar; son la etapa en la que se moldea la arquitectura emocional fundamental. Es en la infancia donde se graban los patrones afectivos, se forman los circuitos del apego, se aprende —o no— a calmar la angustia, a lidiar con la frustración, a confiar en los demás. Lo que se vive emocionalmente en esos años no desaparece: se incorpora al cuerpo, al sistema nervioso, a la manera de ver el mundo.
Las experiencias emocionales tempranas dejan huellas fisiológicas. El cerebro del niño es extraordinariamente plástico, y sus conexiones neuronales se fortalecen o debilitan según el tipo de interacción que reciba. Un niño criado en un entorno cálido, empático y seguro tendrá mayores posibilidades de desarrollar autorregulación emocional, autoestima, empatía y resiliencia. En cambio, la negligencia, la violencia o la frialdad emocional dificultan ese desarrollo y predisponen a trastornos afectivos posteriores.
