La inteligencia emocional
La inteligencia emocional Las emociones no son un fenómeno separado de la ética. Son, en muchos casos, su fundamento más profundo. Las decisiones morales, los impulsos altruistas, el sentido del bien y del mal, no nacen sólo de una reflexión abstracta, sino de una sensibilidad emocional afinada. El carácter no se construye en el vacÃo: se forma sobre la base de cómo se sienten y se manejan las emociones.
El impulso moral más básico —el altruismo— tiene su raÃz en la empatÃa: la capacidad de sentir lo que el otro siente. Quien puede ponerse en el lugar del otro es más propenso a actuar con compasión, a ofrecer ayuda, a evitar el daño. En cambio, la frialdad emocional, la incapacidad de conectar con el dolor ajeno, suele ser preludio de la crueldad. La indiferencia es el terreno fértil de la injusticia.
El autocontrol emocional también tiene una dimensión ética. No dejarse arrastrar por la ira, saber esperar, medir las palabras, evitar la humillación, no responder violencia con más violencia: todo eso requiere una voluntad entrenada que no es otra cosa que la columna vertebral del carácter. La fortaleza moral se sostiene, muchas veces, en la capacidad de posponer un impulso destructivo en nombre de un valor superior.
