La inteligencia emocional
La inteligencia emocional Durante un secuestro emocional, el cuerpo reacciona como si estuviera en peligro extremo. Se acelera el corazón, los músculos se tensan, la atención se estrecha, la memoria se bloquea. En ese estado, el lenguaje del neocórtex queda silenciado. No se piensa: se actúa. Y esas acciones, guiadas por el miedo, la ira o la frustración, rara vez resultan sensatas.
Después del arrebato, suele aparecer la conciencia de lo sucedido: el arrepentimiento, la vergüenza, el desconcierto. La mente racional, que fue desplazada por la emoción, intenta reconstruir lo ocurrido, pero ya es tarde. Las palabras ya fueron dichas, el daño ya está hecho.
Sin embargo, la amígdala no es sólo fuente de reacciones impulsivas; también es depósito de la memoria emocional. Registra cada experiencia cargada de emoción y la guarda como referencia para el futuro. Por eso, ante situaciones similares, responde más rápido, más intensamente. Es una forma de aprendizaje emocional inconsciente, pero poderoso. El problema es que este aprendizaje puede ser impreciso o traumático, generando reacciones desproporcionadas o inapropiadas.