La inteligencia emocional
La inteligencia emocional Evitar los secuestros emocionales no implica apagar la amígdala, sino entrenar la conciencia emocional. Aprender a detectar las señales internas que preceden al arrebato: el aumento del ritmo cardíaco, el calor corporal, la tensión en el cuerpo, el pensamiento acelerado. Y detenerse. Respirar. Observar. Nombrar la emoción. Ese instante de pausa puede evitar el desastre.
La amígdala tiene su propósito. Es una sirena de alarma. Pero no debe tener la última palabra.
La inteligencia emocional no es un concepto abstracto ni una etiqueta motivacional: es un conjunto específico de competencias que pueden observarse, desarrollarse y entrenarse. Estas habilidades definen la manera en que una persona se relaciona consigo misma y con los demás, y están organizadas en cinco áreas clave que conforman la base del equilibrio emocional.
