Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles Whitman se arrodilló frente a ella, rompiendo la barrera profesional que había mantenido hasta entonces. Su voz se suavizó. —Es una niña fuerte, pero esto no será fácil. Todo depende de cómo reaccione su cuerpo en las próximas cuarenta y ocho horas.
Ella asintió, sintiendo el peso de esa frágil esperanza sobre sus hombros.
Al día siguiente, el caos de Harlem parecía lejano, pero dentro del hospital, las sombras del abismo seguían presentes. Henrietta se sentó junto a la cama de Dinella, que estaba conectada a un mar de cables y monitores. Los pitidos constantes llenaban la habitación, recordándole que cada sonido significaba que su hija seguía luchando.
—Hola, mi pequeña guerrera —susurró, acariciándole la frente con dedos temblorosos—. Estoy aquí contigo. Siempre estaré aquí.
Por momentos, parecía que Dinella reaccionaba. Un leve movimiento de sus dedos o un cambio en su respiración hacían que Henrietta se aferrara a la esperanza. Pero el miedo siempre estaba allí, acechando en las sombras.
Más tarde, Rachel regresó al hospital. Traía un bolso con ropa limpia para Henrietta y un poco de comida, aunque sabía que su hermana no tenía apetito.
—¿Cómo está? —preguntó en voz baja, mirando a Dinella desde la puerta.