Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles —Está luchando. Como siempre.
Rachel se acercó y tomó la mano de Henrietta. —No estás sola en esto. ¿Sabes?
Henrietta la miró, con los ojos llenos de lágrimas. —A veces siento que lo estoy.
—No lo estás. Estamos juntas, ¿de acuerdo? Pase lo que pase.
Mientras tanto, en los pasillos del hospital, el Dr. Whitman lidiaba con su propia tormenta interna. Había visto demasiadas tragedias en su carrera, pero algo en esta niña lo afectaba más de lo habitual. Recordaba su propio pasado, los sacrificios que había hecho para llegar hasta allí. Y, sin embargo, esa lucha constante contra la muerte nunca se volvía más fácil.
—¿Otra noche sin dormir, Doc? —preguntó una enfermera al pasar, con una sonrisa cansada.
—Parece que sí —respondió Whitman, mientras revisaba los últimos análisis de Dinella. Los signos eran esperanzadores, pero sabía que no podía bajar la guardia.
Más tarde, Whitman entró en la habitación de Dinella. Henrietta lo miró con una mezcla de gratitud y agotamiento.
—¿Cómo está? —preguntó ella.