Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles —¿Va a estar bien? —preguntó con voz quebrada. El paramédico no la miró. —Estamos haciendo todo lo posible.
Las puertas de la ambulancia se abrieron con violencia al llegar al hospital, y Dinella fue llevada directamente al quirófano. Henrietta quedó sola en el pasillo, las rodillas temblando, el mundo derrumbándose bajo sus pies. Una enfermera trató de calmarla.
—El doctor Whitman es el mejor. Si alguien puede salvarla, es él.
Mientras tanto, en la sala de emergencias, el Dr. Steven Whitman examinaba el informe del caso. Era su segunda cirugía de emergencia del día, y sabía que las probabilidades no estaban de su lado. Pero eso no le importaba. En el quirófano, Whitman era una fuerza imparable.
—Prepárense para transfusión. Necesitamos estabilizarla antes de que perdamos más sangre —ordenó, su voz firme resonando en la sala.
El cuerpo diminuto de Dinella era frágil, pero Whitman luchaba con todo lo que tenía. Fuera de la sala, Henrietta apretaba las manos contra su pecho, rezando por primera vez en años. Sabía que el destino de su hija estaba en manos de un desconocido, pero no podía dejar de susurrar el nombre de Dinella una y otra vez, como si eso la mantuviera viva.