Fuerzas irresistibles
Fuerzas irresistibles Mientras Dinella luchaba por su vida, el caos del barrio seguía rugiendo. La muerte del policía en el tiroteo había encendido una chispa en la comunidad, y las tensiones se dispararon como una tormenta eléctrica. Los residentes de Harlem, cansados de la violencia, se enfrentaban a un aumento en la presencia policial que no hacía más que intensificar la hostilidad.
En el hospital, Henrietta recibió visitas de su hermana, Rachel, quien llegó con los ojos llenos de lágrimas y una furia contenida.
—Esto es culpa de este maldito barrio —dijo Rachel mientras abrazaba a Henrietta—. ¿Cuántas vidas más van a destruir antes de que hagan algo?
—No es momento para eso —respondió Henrietta, alejándose. Su mente estaba fija en Dinella, no en buscar culpables.
Rachel se quedó en silencio, mirando a su hermana como si la viera por primera vez. Había algo diferente en Henrietta, algo que no había notado antes. Quizás era el peso de la maternidad o simplemente el instinto de supervivencia.
Horas después, Whitman volvió a aparecer, su uniforme quirúrgico manchado de sangre.
—Tenemos que operar de nuevo —anunció sin rodeos—. Si no retiramos el tejido dañado, el pulmón no aguantará.