Secretos
Secretos Sabina Quarles conducía hacia su apartamento en Beverly Hills, pero no estaba sola. Las memorias de su pasado la acechaban, imágenes de una mujer diferente: Mary Elizabeth Ralston, la joven de un pequeño pueblo minero que soñó con ser alguien más. Esa noche, el teléfono volvió a sonar, esta vez desde un número privado. —Sabina, ¿crees que la gente sabe quién eres en realidad? —La voz al otro lado era fría, calculadora. Sabina contuvo el aliento. —¿Quién eres? —Alguien que puede destruir todo lo que has construido.
En el set, Jane Adams trabajaba hasta tarde. Había encontrado refugio en su escritura, pero los ecos de su reciente separación seguían atormentándola. Se sorprendió cuando Zack apareció en la sala de guionistas. —¿Qué haces aquí? —preguntó Jane, alzando la vista de su computadora. —Revisar este guion. Hay demasiadas emociones para un solo episodio. —Zack lanzó el guion sobre la mesa. —Eso es porque las emociones son reales. —Jane lo enfrentó con valentía, aunque sabía que estaba caminando sobre hielo delgado.
Zack la miró fijamente, y por un momento, sus barreras se agrietaron. —No todo el mundo tiene el lujo de ser tan real, Jane. Aprende a usar una máscara o te quemarás.