La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo y el milagro de gracia que brota en la mujer
argentina, y mis ansias de gozar en esa tierra
me pusieron de nuevo con mis nervios en guerra.
Y me volví a París. Me volví al enemigo
terrible, centro de las neurosis, ombligo
de la locura, foco de todo «surmenage»
donde hago buenamente mi papel de «sauvage»
encerrado en mi celda de la rue Marivany,
confiando sólo en mí y resguardando el yo.
¡Si no lo resguardara, señora, si no fuera
lo que llaman los parisienses una «pera»!
A mi rincón me llegan a buscar las intrigas,
las pequeñas miserias, las traiciones amigas,
y las ingratitudes. Mi maldita visión
sentimental del mundo me aprieta el corazón,
y así cualquier tunante me explotará a su gusto.
Soy así. Se me puede burlar con calma. Es justo.
Por eso los astutos, los listos dicen que
no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé!
Que ando, nefelibata, por las nubes… ¡Entiendo!
Sí, lo confieso, soy inútil. No trabajo
para arrancar a otro su pitanza; no bajo
a hacer la vida sórdida de ciertos previsores.