La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo ¿Por qué ese título, Azul? No conocía aún la frase huguesca «l’Art c’est l’azur», aunque sí la estrofa musical de Les Châtiments:
Adieu, patrie!
L’onde est en furie!
Adieu, patrie!
azur!
Mas el azul era para mí el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el «coeruleum», que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro. Y Ovidio había cantado:
respice vindicibus pacatum viribus orbem
qui latam Nereus coerulus ambit humum.
Concentré en ese color célico la floración espiritual de mi primavera artística. Ese primer libro —pues apenas puede contar el volumen incompleto de versos que apareció en Managua con el título de Primeras notas— se componía de un puñado de cuentos y poesías que podrían calificarse de parnasianas. Azul… se imprimió en 1888 en Valparaíso, bajo los auspicios del poeta De la Barra y de Eduardo Poirier, pues el mecenas a quien fuera dedicado por insinuaciones del primero de estos amigos ni siquiera me acusó recibo del primer ejemplar que le remitiera.