La vida de Ruben Dario escrita por el mismo
La vida de Ruben Dario escrita por el mismo POR FIN, EL VAPOR llega a Valparaíso. Compro un periódico. Veo que ha muerto Vicuña Mackenna. En veinte minutos, antes de desembarcar, escribo un artículo. Desembarco. La misma cosa que en El Salvador: ¿qué hotel? El mejor.
No fue el mejor, sino un hotel de segunda clase en donde se hospedaba un pianista francés llamado el capitán Yoyer. Hice buscar a Eduardo Poirier y al poco rato este hombre generoso, correcto y eficaz estaba conmigo, dándome la ilusión de un Chile espléndido y realizable para mis aspiraciones. El Mercurio de Valparaíso publicó mi artículo sobre Vicuña Mackenna y me lo pagó largamente. Poirier fue entonces, después y siempre, como un hermano mío. Pero había que ir inmediatamente a Santiago, a la capital. Poirier me pidió la carta que traía yo para aquel personaje eminente en la ciudad directiva y la envió al destinatario.
Mi artículo en El Mercurio, mi renombre anterior… Contestó aquel personaje que tenía en el Hotel de France ya listas las habitaciones para el señor Darío y que esperaría en la estación. Tomé el tren para Santiago.
Por el camino no fueron sino rápidas visiones para ojos de poeta, y he aquí la capital chilena.
