Prosas profanas y otros poemas
Prosas profanas y otros poemas 
Ámame, japonesa, japonesa
Antigua, que no sepa de naciones
Occidentales; tal una princesa
Con las pupilas llenas de visiones,
Que aún ignorase en la sagrada Kioto,
En su labrado camarín de plata,
Ornado al par de crisantemo y loto,
La civilización de Yamagata.
O con amor hindú que alza sus llamas
En la visión suprema de los mitos,
Y hace temblar en misteriosas bramas
La iniciación de los sagrados ritos,
En tanto mueven tigres y panteras
Sus hierros, y en los fuertes elefantes
Sueñan con ideales bayaderas
Los rajahs, constelados de brillantes.
O negra, negra como la que canta
En su Jerusalem el rey hermoso,
Negra que haga brotar bajo su planta
La rosa y la cicuta del reposo…
Amor, en fin, que todo diga y cante,
Amor que encante y deje sorprendida
A la serpiente de ojos de diamante
Que está enroscada al árbol de la vida.
Ámame así, fatal cosmopolita,
Universal, inmensa, única, sola